Casa Alamán, un remanso de paz y magia

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Casa Alaman exterior
Si buscas paz y desconectar de tu ajetreo diario, y hacerlo en un entorno único, Casa Alamán es el hotel que andas buscando. Familiar y con una cuidada y maravillosa decoración, este alojamiento ubicado en la provincia de Huesca, en el pueblo de Centenero, hace que la estancia se convierta en un disfrute para los cinco sentidos. Trato esmerado y unas preciosas instalaciones en esta casa que sus dueños han levantado con mucho esfuerzo, trabajo y, sobre todo, cariño. Algo que se refleja en todos sus rincones.

Las instalaciones

José Luis y Adrián han dedicado más de diez años a rehabilitar esta construcción que se encontraron totalmente inhabitable y a la que han conseguido llenar de vida y magia. No falta detalle. Pasear por el interior y el exterior de Casa Alamán permite descubrir todo el mimo con el que han vestido esta casa, acogedora, bella y perfecta para pasar una estancia de relax en el Prepirineo aragonés. Casa Alamán se encuentra a 20 kilómetros de San Juan de la Peña y 35 de Jaca. Al sur, Ayerbe y el Castillo de Loarre, a unos 40 kilómetros.

Casa Alaman entrada

Las habitaciones

Las habitaciones son pequeños tesoros en sí mismos. Cada una de ellas con su propia personalidad. Bernués es la más romántica, muy especial, con unas increíbles vistas a San Juan de la Peña; destaca su amplio baño y la cuidada decoración. Algo que también se encuentra en el resto: Osia, con colores muy alegres, y Ena, un espacio abuhardillado con vistas a la sierra de Centenero.

Zonas comunes

La parte exterior de Casa Alamán permite contemplar unos paisajes extraordinarios mientras te das un baño en la piscina. Sus terrazas son otro de sus grandes atractivos, lugares donde poder desayunar, comer, cenar, tomar una copa… Respirar. En el interior, las zonas comunes se componen de diferentes espacios para leer, descansar o compartir una agradable conversación. No hace falta nada más.

Para que puedas descubrir un poquito todos los rincones de este lugar te dejo con unas fotografías. Aunque mi recomendación está clara: debes vivirlo en primera persona.

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